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jueves, 3 de febrero de 2011

¡ Que te calles !

Llueve. Oigo el sonido de las gotas sobre el alféizar de la ventana. No estoy hoy del mejor humor. ¿Nadie se ha dado cuenta? No, probablemente no. Es un grave problema de comunicación que tenemos en esta sociedad. Todos alzan la voz para ser escuchados, cada vez más alto, unos por encima de otros. Pero nadie escucha. Nadie se preocupa por cómo está el de al lado. Y pocas veces nos damos cuenta del daño que podemos llegar a hacer. Nos cuesta centrarnos en algo que no seamos nosotros mismos. Si mi vecina está mal, obviamente es porque no se siente como yo, que estoy mucho peor. Si mi primo ha roto con su novia, mi última ruptura fue mucho más traumática. ¿Has perdido el avión? Yo también y además por poquísimo, o sea que imagínate… ¿Qué rabia, eh?
¿Somos siempre así de egocéntricos, o sólo somos estúpidos a los que les gusta dramatizar?
Ah, pero espera. También está la variante del “te estoy escuchando, pero en realidad estoy en mi puñetero mundo mental”. Sí, estos que dicen cualquier cosa tipo Sí, claro, uff, que fuerte, vaya y demás generalidades. Cuesta encontrar a buenos “escuchadores”.


¡Sí, sí, estoy diciendo: “callaos y escuchadme”!