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jueves, 26 de enero de 2012

Weird

Bueno, estaba mirando las entradas del blog, y la verdad es que me he dado cuenta de que no saludé al 2012 de ninguna manera, lo cual me ha extrañado. Pero me parece que es porque ha sido un año tan... weird, que no quiero recordarlo demasiado.  También me he encontrado por algún sitio con esta imagen, que ilustra bastante fielmente mi año:

Bueno, habiendo terminado toooodos los exámenes del cuatrimestre, habiendo aprobado todas las asignaturas, (incluso cuando pensaba que no era humanamente posible); llevo desde el lunes con un merecido descanso, hasta el lunes que viene, en que volveré a verme las caras con los banquillos de la universidad.
Mañana me voy a Barcelona.
Que pasen ustedes un feliz fin de semana. 

That's all folks!

domingo, 1 de mayo de 2011

Uno de mayo

En fin, hoy es el día de la Madre. Gracioso. ¿Día de la Madre? ¿Puede haber eso realmente? Para mí, cada día es el Día de la Madre, y del Padre, y de los Hermanos, y de los Amigos (etc.) Pero bueno, como iba diciendo... Desde hace poco tiempo que me doy cuenta del gran trabajo que llega a realizar una madre, la mía en particular. Siempre la he valorado por todo lo que yo veía que hacía, que no es poco; pero desde que vivo sola comprendo de una manera más amplia y completa lo necesaria que es y cuanto la echo en falta. No sólo en lo referente a labores domésticas, que, sinceramente, no sé como a estas alturas no se ha vuelto loca, sino al apoyo que siempre he recibido por su parte. Poder volver a casa y saber que está ahí, escucharla comentar cualquier cosa con mi padre en la cocina, que me despierte tirando de la colcha de la cama, aunque lo odie. Sentarme con ella después de comer y contarle como me ha ido el día, quejarme de algún profesor o simplemente escuchar las noticias juntas. Ir en el coche, ese momento en que empiezo a hablar y lo suelto todo, sin darme apenas cuenta. Recuerdo las tardes antes de un examen, cuando me ayudaba a estudiar, o cuando cocinábamos los domingos, esa obsesión que tenía de pequeña de fregar los platos con ella en la cocina. Como me hacía comprender que no siempre lo que queremos en un determinado momento es lo que más valoraremos después de un tiempo.
Siempre he tenido una conexión especial con mi madre, creo que es la única persona que de verdad me conoce. No diré que me comprende siempre, porque no es así. Pero sabe en qué momentos necesito cariño, cuando necesito que sea menos crítica de lo que ya soy yo conmigo misma, o cuando me hace falta un buen tirón de orejas. Siempre me ha enseñado a seguir lo que pienso, a creer en mí misma y a no rendirme. Esfuerzo, tolerancia, comprensión, saber escuchar. Hay tantas cosas que he aprendido de ella a lo largo de mi vida. 
Si bien es verdad que no siempre nos llevamos bien, es porque nos parecemos demasiado y a la vez somos totalmente diferentes. Las más grandes peleas que he tenido nunca han sido con ella, pero el sentimiento de perdón y cariño que me ha devuelto después han sido proporcionales. Siento que siempre puedo contar con ella, aun cuando las cosas no van bien.  Hoy no estaré en casa, igual que los últimos ocho meses, y aunque hable con ella todos los días no siento la calidez de sus abrazos por las tardes, ni su perfume. Y la echo terriblemente de menos. 




Un gracias nunca será suficiente

jueves, 30 de diciembre de 2010

Bienvenido

Si me paro a pensar un segundo en todo lo que me ha pasado este año, me sorprende lo rápido que se ha ido todo. Puedo recordar la Nochevieja pasada, celebrándola con esas personas que me hacen sonreír solo de pensarlas. Después recuerdo mucho trabajo, estrés, nervios, incertidumbre, cansancio. En apenas unos meses todo se acabó y llegó el ansiado verano, que trajo nuevas historias. Puedo decir satisfecha que lo disfruté. A mi manera. También he de decir, que hasta la segunda semana de agosto, no respiré 
tranquila. Pero el verano casi había terminado, y eso por lo que tanto habíamos peleado todos llegó. Y salimos a recibirlo. Cuatro meses. Sólo cuatro meses, y ha sido difícil, sacrificado, duro. Pero también me ha traído muchísimas experiencias nuevas, independencia, autocomprensión, viajes y nuevas caras. Darte cuenta de cómo son las cosas realmente, de lo que somos capaces de hacer, de que no tenemos que escondernos detrás de ninguna mascara. Caminando por las calles de Madrid riéndome del pasado y saludando sonriente a lo que nos trae el tiempo junto a amigas que no se olvidan, descubriendo rincones de Barcelona, mejorando. Después vuelvo a casa y lo difícil pesa menos al ver a la familia a mi alrededor. Juntos en la mesa, riendo, cantando canciones navideñas, cocinando, robándole a mi padre patatas fritas mientras no mira. Y ver la cara que pone al darse cuenta de que le faltan la mitad que ha cocinado.  Escuchar nuevas canciones y superar miedos. Esos que asfixian y hacen llorar por la noche.  Superarlos, y estar bien, contenta y feliz, de lo que hago, de cómo soy. Me queda mucho por aprender, por eso le doy la bienvenida al 2011, porque espero todo lo que me va a aportar. El tiempo es mi mejor regalo. Y estoy agradecida. 



domingo, 15 de agosto de 2010

Peonías


Me levanté aquella mañana de abril, aún con restos del resfriado que había sufrido durante la última semana. El día pintaba horrible, tenía mil cosas que hacer, todas retrasadas.
Abrí la persiana de un tirón, y tenues rayos de luz atravesaron la habitación. Lloviznaba.

Le daba un aspecto bohemio a la ciudad. Me hacía sentir pequeña, y terriblemente vulnerable. Al girarme reprimí un grito de sorpresa. Docenas de peonías llenaban jarrones de cristal distribuidos por la sala. Peonías, suaves, delicadas. La mayoría de ellas seguían cerradas, pero el aroma era intenso y no pude evitar una gran sonrisa.
¿Cómo lo había sabido? ¿Cómo podía haber sabido que hoy necesitaría esto? Cogí una y acaricié los pétalos. La belleza de aquella flor siempre me había cautivado.
Volví hacia la ventana y me senté en el sillón. Podía oír el murmullo del tráfico a lo lejos, el trajín de la gente que iba y venía, todos ellos ajenos a mi repentina felicidad.

Seguí con mis pensamientos hasta que una suave melodía me llegó desde el comedor. Las suaves notas de una pieza de Bach para cello. Aquella canción.
Al salir, fui al salón, allí había una bandeja de color crema, con tostadas francesas y un zumo de naranja. Nunca dejaba de sorprenderme.
Había una carta sobre la repisa del mueble.
El sobre sólo tenía una nota.
La nota sólo contenía dos palabras.

Entonces comprendí que pasaría el resto de mi vida junto a él.