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jueves, 9 de diciembre de 2010

Dí que no

Perdona si soy una idealista, perdona por reírme cuando no debo, por tomarme las cosas demasiado en serio de vez en cuando.
Perdona por pensar lo mejor de las personas, por esperar que las cosas mejorarán,
perdona por romper a llorar. Perdona si te cojo de la mano y te pido que no me sueltes, perdona si te sonrío sin decir nada. Perdona si no soy como esperaste, perdona si me ilusiono. Perdona si digo algo fuera de lugar, perdona si te miro.
Perdona si me equivoco, perdona si se me escapa una sonrisa al ver tu nombre. Perdona si se me olvidan las palabras. Perdona si dibujo en los márgenes, perdona si tarareo una canción mientras pienso que estoy sola. Perdona si tengo ganas de verte. Perdona si me dejo cosas olvidadas, perdona si dejo comida en el plato. Perdona si me gusta ver la lluvia caer, perdona si no soporto ciertas cosas. Perdona que quiera todo lo que me ofrece esta vida. Perdona si no te dejo agua en el vaso.

martes, 23 de noviembre de 2010

You may say I'm a dreamer, but I'm not the only one

Erase una vez, una niña que quería volar. Siempre había envidiado a los pájaros, a las águilas. Libres, elegantes y majestuosas. Quería sentir el viento sobre su piel, escuchar el viento entre su pelo y cerrar los ojos confiando en que flotaría hacia donde quisiera. Donde pudiera sentirse libre. Al crecer quiso tener un lugar donde no tener que pretender ser nadie. Donde pudiera vivir tranquila con que todo estaría bien siendo justo como es. Tal vez era demasiado idealista, o soñadora, o romántica. Pero sabía que las cosas nunca serían como ella soñaba.
Por eso estaba dispuesta a construir ese lugar.
Por eso decidió cambiar las cosas que no le gustaban. Dejaría de hacerlas, sencillamente. Aunque los demás no las consideraran adecuadas. O parecieran disparatadas. O no tuvieran sentido. Saltaba en la cama, cantaba en la ducha, sonreía a la gente por la calle, les decía hola. Escuchaba lo que las personas tenían que decir, las hacía sentir importantes, que contaban. Respetaba el silencio, y reconocía el valor de una palabra bien dicha, en el momento exacto. Siempre toleraba a los demás y desarrolló esa paciencia que tanto admiraba. Siempre se guiaba por lo que pensaba, pese a lo que los demás opinaran. No le importaba. Se equivocaba, dudaba, muchas veces intentaba hacer lo que sabía que estaba bien y fallaba, pero no se rendía, porque tenía un objetivo, y estaba decidida a conseguirlo, costase lo que costase.


Porque al final, las cosas tienen el valor que uno quiera darles, y sólo cuenta si das de ti mismo lo mejor.