jueves, 23 de septiembre de 2010

Llueve


Ella estaba sentada en el borde de la escalera, mirando al mar, mientras sus amigos se reían juntos de alguna broma sin sentido. Había sido una gran noche, habían cenado y después marcharon a un concierto que las dejó sin voz.
Lo pasaban bien, eran jóvenes y querían disfrutar mientras les durara.
Pero ella pensaba de otra manera. Quería pasarlo bien, quería disfrutar, quería reír…
Pero esa  no era su noche, se sentía ausente y, quizá, algo fuera de lugar.
Ellos no lo percibieron. Sus ojos no brillaban de la manera habitual, ni sus gestos eran de alguien que se siente cómodo, y su sonrisa estaba vacía aquella noche. Yo si lo noté.
- Siempre te encuentro de la misma manera, ¿sabes? – Dije al sentarme a su lado-
- Eso es porque siempre apareces en el momento en que me siento sola.
- Ya… ¿Por qué no vienes y te ríes un rato con nosotros? Quiero verte sonreír.
- Hmm, quizá – dijo, mientras se abrazaba las piernas con los brazos y miraba hacía algún sitio que sólo ella conocía –

El silencio se hizo algo palpable, pero no era un silencio molesto. Un silencio que no valía la pena estropear, un silencio agradable. La luna se reflejaba en el mar.
- Eres muy diferente a las demás, ¿lo sabías, verdad?- Me perdí en un punto de la bahía-
- A veces desearía no serlo, haría mucho más fáciles las cosas…- susurró-
- ¿Y por qué no ibas a querer ser diferente?
- Ya, está bien no ser como todo el mundo, pero hay días que se me hacen muy cuesta arriba…
- Siempre me ha gustado lo complicado.
Entonces, mientras me sonreía, me dio las gracias con la mirada.

Al rato se marchó, y empezó a llover. Me la imaginé caminando por el medio de las calles, sin importarle que la lluvia empapara su ropa, que el pelo se le pegara a la cara y las gotas corrieran por sus mejillas, no le importaba. Iba con paso firme, sin prisa pero sin pararse, siempre sonriendo. Entonces pensé, que chica tan rara.

martes, 14 de septiembre de 2010

Yo, me, mi, contigo.

Y solo seguía caminando. No se detenía. No podía, ni quería hacerlo tampoco.
Iba sin rumbo fijo, pero saboreando el momento anterior a girar cada esquina. Se empapaba de los muros, de los murales pintados aquí y allá por artistas bohemios que expresan lo que les apetece. Frases esporádicas que te hacen reconsiderar temas zanjados, o que te alegran el día. Pequeños rincones olvidados en aquella parte de la ciudad. El sonido de algún músico que practica en un balcón. Una antigua muralla que cobija en su interior miles de historias pasadas, en lo que fue una de las más importantes ciudades tiempo atrás.
Calles de piedra que dibujan mosaicos en el suelo. Una catedral.
Escaleras, escaleras, un viejo anfiteatro semiderruido, más historias,
y entonces… el mar.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Septiembre




Y allí estaba yo. Después de tanto tiempo y tantos errores cometidos.
Volvíamos a estar en el mismo lugar, y en la misma situación.
Tal vez dos años antes habría actuado de otra manera, pero desde entonces habían pasado muchas cosas y había cambiado de opinión muchas veces.
Pero no volvería a perder la oportunidad de hacer lo que debería haber hecho mucho antes.
- ¿Qué es lo que te pasó aquella vez? – susurró-
Se acercaba a mí, y aquel miedo irracional volvió a invadirme.
- Y yo que pensaba que lo había dejado claro… - respondí-
- Sabes perfectamente que nunca explicaste nada, sólo te marchaste. – Vuelve a decirme que no te importo. Que no volverás a pensar en esto nunca más.
Me acarició la mandíbula como solía hacerlo. Me miró a los ojos y supe que él conocía las respuestas, por lo que no encontré razón alguna para seguir haciendo la idiota.

domingo, 29 de agosto de 2010

Mentira

Y aunque podía sentir que algo iba mal, no quería reconocer que fuera capaz de hacerlo.
Pese a qué en mi fuero interno supiera que lo era perfectamente.
Tras tantos momentos compartidos, sonrisas cómplices y miradas que lo decían todo.
Me sentí estúpida, y algo se rompió, porque no me esperaba algo así.
No de ella. No de esa forma.

lunes, 23 de agosto de 2010

¿Riesgos?


Me sentía dividida. Habían pasado muchas cosas aquella noche y no sabía qué era lo que quería. Siempre he dicho que ese es el peor problema de la gente, el no saber que quiere: porque cuando sabemos lo que queremos, podemos encontrar la manera de conseguir cualquier cosa.
Y ahora es mi problema también

Le buscaba con la mirada cuando encontré algo nuevo. Y me hizo reír, y me acompaño.
Me hizo sentir alegre, y aunque seguía muy confusa, me sentí bien.

Gracias.

domingo, 15 de agosto de 2010

Peonías


Me levanté aquella mañana de abril, aún con restos del resfriado que había sufrido durante la última semana. El día pintaba horrible, tenía mil cosas que hacer, todas retrasadas.
Abrí la persiana de un tirón, y tenues rayos de luz atravesaron la habitación. Lloviznaba.

Le daba un aspecto bohemio a la ciudad. Me hacía sentir pequeña, y terriblemente vulnerable. Al girarme reprimí un grito de sorpresa. Docenas de peonías llenaban jarrones de cristal distribuidos por la sala. Peonías, suaves, delicadas. La mayoría de ellas seguían cerradas, pero el aroma era intenso y no pude evitar una gran sonrisa.
¿Cómo lo había sabido? ¿Cómo podía haber sabido que hoy necesitaría esto? Cogí una y acaricié los pétalos. La belleza de aquella flor siempre me había cautivado.
Volví hacia la ventana y me senté en el sillón. Podía oír el murmullo del tráfico a lo lejos, el trajín de la gente que iba y venía, todos ellos ajenos a mi repentina felicidad.

Seguí con mis pensamientos hasta que una suave melodía me llegó desde el comedor. Las suaves notas de una pieza de Bach para cello. Aquella canción.
Al salir, fui al salón, allí había una bandeja de color crema, con tostadas francesas y un zumo de naranja. Nunca dejaba de sorprenderme.
Había una carta sobre la repisa del mueble.
El sobre sólo tenía una nota.
La nota sólo contenía dos palabras.

Entonces comprendí que pasaría el resto de mi vida junto a él.

viernes, 23 de julio de 2010

Inesperado


Estoy ahí sentada, mirando a las personas caminar a mi alrededor.
Hay una razón por la que voy a coger ese avión, pero ahora mismo no importa.
No quiero pensar en mi historia.
Todos llevan una consigo e imagino cuales pueden ser. Muchos hombres llevan carteras y traje, probablemente deseando llegar a casa tras un viaje de negocios.
También hay familias, con miles de maletas. Madres preocupadas de haberlo cogido todo y padres intentando controlar a unos niños que corretean felices, emocionados por las vacaciones.
Hay extranjeros por todas partes, algunos entran en las tiendas de recuerdos y compran figuras de sevillanas o toros “typical spanish”.
Me pregunto cómo serán sus vidas... ¿Serán felices?
Tal vez alguno de esos empresarios perderá su negocio, pero al hacerlo recuperará a su familia; algún estudiante se irá de viaje para aprender algo nuevo. Alguno de los hijos de esas familias conseguirá todo lo que se proponga, o quizá no. Alguien conocerá a una persona que cambiará su vida y le hará sentir muy, muy especial. Otras parejas, sin embargo, se dirán adiós.
Yo sigo aquí sentada, suena una canción en mi reproductor y dejo de sentirme aquí. Quiero pensar en todo lo que me queda por pasar, y en todo lo que voy a vivir.
Aún quedan muchas historias por contar.